LAS DOS CARAS DE LA MONEDA 

Anoche, cuando en un artículo de la prensa, se hacía resumen de las agresiones sexistas de la Aste Nagusia de Bilbo, empecé a pensar. En este mundo en el que, muchas veces, se minusvaloran estas cosas como tratando de quitarles hierro muchas veces no vemos que en esto existen dos caras de la moneda y muchas veces nos cuesta dar la vuelta y ver el otro lado, ver de donde viene todo y porque llegamos a que cada semana de fiestas, sigamos viendo el cartel famoso de: “Al volver a casa quiero ser libre, no valiente”. 

En una infinidad de cosas, mi vida me ha permitido llegar a experiencias que otras personas no han llegado, una de ellas es la de haber vivido en las dos orillas del rio: la de los hombres y la de las mujeres. 

Cuando me socializaba, ante el mundo, como hombre, estaba exenta de muchas cosas, no se juzgaba si me depilaba o no, nadie se preocupaba por mi cuando volvía por la noche a casa, no tenía que aguantar muchas cosas que ahora si. 

Hace aproximadamente un año, la segunda vez que salía de fiesta, ya con mi proceso de tránsito más avanzado, pude ver como a una amiga y a mi, se nos acercaba un hombre y, a pesar de no mostrar ninguna predisposición a querer seguirle el juego, empezó a acosar a mi amiga, incluso se atrevió a tocarle el culo a ella y a venir a ponerme la mano en la cara a mi, le dijimos que se fuera pero solo se fue cuando a el le dio la gana. 

Hoy en día, por la noche, trato de evitar lugares oscuros o, si oigo pasos detrás de mi, se me acelera el corazón hasta que esa persona, me adelanta y se va. Son miedos que antes no tenía, son miedos que me atacan solo por el hecho de ser mujer. Estos miedos, me atacan a mi, pero también he visto como a otras personas de mi alrededor también, mi madre es otra persona que hoy en día, si salgo de su casa por la noche, me pide que evite los lugares oscuros, si vengo tarde de algún viaje, que le avise una vez haya entrado en cada y que trate de aparcar cerca, antes me pedía que le avisase simplemente al llegar pero nunca que lo hiciera una vez dentro de casa. 

Desde esta orilla, puedo ver la comodidad de la otra, puedo ver como no hay miedo por la noche, como los lugares oscuros, no lo son tanto y como la presión social a la que nos someten a las mujeres para cumplir uno u otro estereotipo, no existe de esa manera. Como tu puedes vestir como quieras sin que nadie te juzgue o te diga que vas vestida cómo una provocadora. 

En resumen, que ojalá todo el mundo pudiera vivir esos dos lados de la moneda porque, solo así, tendríamos muchas posibilidades de que la empatia estuviera presente en un mundo que, ya de por sí, no sabe ni el significado de esa palabra. 

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Utzi erantzun bat

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