AMATXU, YO QUIERO SER “NORMAL”

Desde hace unas semanas, cuando el famoso autobús de “Hazte Oír” empezó a campear a sus anchas por las carreteras Españolas, se han abierto todo tipo de especulaciones, criticas, denuncias y etcétera contra un vehículo que podía incitar al odio a l@s niñ@s transexuales. Está muy claro que esto es un claro acto de transfobia una manera de invisibilizar una realidad que existe y que se encuentra presente en colegios, institutos, universidades y, como no, hogares.

En muchos sitios, he visto comparar la campaña transfoba de “Hazte Oír” con la de navidad que lanzó “Chrysallis Euskal Herria”, alegando que las dos tratan de reconducir a la infancia hacia una parte determinada, de nuevo, nada más lejos de la realidad. “Chrysallis EH” trataba de visibilizar una realidad que, hoy en día existe, trataba de evitar cosas como las que, precisamente, puede provocar “Hazte Oír” con su autobús. Es cierto que las etiquetas, cuando hablamos de la infancia, pueden ser un problema por la sociedad basada en estereotipos de género en la que vivimos pueden provocar que est@s niñ@s que están en un momento muy delicado de su vida aprendan erróneamente que ser niña o ser niño significan cosas que no lo son.

Cuando hablamos de una “infancia trans”, muchas veces, empezamos a mezclar el color azul con el rosa, empezamos a buscar diferencias entre niños y niñas además de perpetuar un modelo que debería de desaparecer de lo que es ser niño y ser niña. Lo siento, pero lo ejemplos de niñ@s transexuales que he visto por televisión se basan muchas veces en eso, además, se les trata de reconducir hacia los estereotipos de género que deberíamos de erradicar con preguntas como ¿A ti te gusta el futbol? o ¿Juegas con muñecas?, a niñas transexuales como sino se pudiera ser una niña que te gusta el futbol y no las muñecas. Yo me pregunto: En una entrevista para visibilizar la realidad de que hay niñas y niños trans, ¿Qué narices importa el hecho de que a una niña le guste el futbol, las muñecas, el claqué o las carreras de camiones? Pues importa cuando tratamos de preservar una cultura de género en las que una mujer tiene que tener unos gustos concretos, comportarse y vestir de una forma concreta y un hombre tres cuartos de lo mismo, luego nos quejamos de que ocurre lo que ocurre, de que existe el Bullying transfobo, por ejemplo.

La mejor forma para que un niño o niña tenga una infancia plena, aprenda valores y no sea alguien “dirigido” hacia una masculinidad o una feminidad concreta es, simplemente, eliminando esa masculinidad o feminidad de la ecuación de un plumazo. Si mi hijo me dice: “Ama, soy una niña” le dejo vivir como quien quiere ser y no como quien yo quiero que sea, sin negarle su identidad pero sin llevarla hacia la idea de lo que es ser mujer que nos impone la sociedad, es decir, si le gustaba el azul antes yo actuare exactamente igual que cuando me habían dicho que era un chico, si le gustaba el futbol, le seguiré yendo a ver a todos los partidos y no le comprare un vestido o una falda, sino me ha dicho que le gustan. Si quiere que le trate en femenino, lo hare, porque se trata de que pueda vivir en libertad y esa es la mejor libertad que le puede proporcionar a una niña o un niño, tener libertad para ser y sentirse, escuchar y no dirigir porque la vida da más vueltas que una noria y lo que hoy es A, mañana puede ser B y ni A, ni B, tienen porque ser respuestas incorrectas si sabemos leer bien el enunciado y cuando crezca y llegue a momentos realmente decisivos en su vida podrá ser quien es y no quien le impone la sociedad.

Soy contraria a decir que hay niñ@s trans por una razón, porque esa palabra, muchas veces conlleva opresiones de género que se les inculcan desde muy pequeñ@s sin saber lo que se les puede provocar en un futuro. El problema es que hay males que son necesarios porque si en una escuela un niño pasa, de un curso a otro, a socializarse como una niña puede sufrir lo indecible por parte de sus compañer@s entonces hay que iluminar el camino y decir que existen porque, en nuestro mundo, lo que no existe no merece respeto por parte de la sociedad. Diréis: “Izaro, deja de divagar que con tanta ida y venida ya no sabemos si estás hablando o te has vuelto loca del todo.” Pues, probablemente, sea así pero no es este el caso, lo que quiero decir es que no es correcto meter a la infancia en cajones aunque, sin embargo, es necesario visibilizar la realidad de que l@s niñ@s transexuales existen y que, en su adultez, serán hombres y mujeres transexuales que tendrán el derecho a hacer la vida que deseen como quienes son (No como quienes “sienten” que son, ser mujer u hombres no es un sentimiento, es un hecho) y no como quienes deberían de ser por lo que hayan tenido entre las piernas al nacer.

Tenemos que llegar al punto en el que un niñ@ le diga a su ama: “Amatxu, soy feliz por ser libre” y no le diga: “Amatxu, yo quiero ser “normal””, en ese momento habremos cambiado muchas cosas, hasta entonces, queda un trabajo tremendo por hacer.

 

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Utzi erantzun bat

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